El extraño caso de un pueblo de Soria en medio de la nada que no para de ganar habitantes: “Aquí nos faltan casas”

Ana, maestra de música en sus 30 años, saborea una suculenta sopa castellana en el comedor del Restaurante Pili, una de las dos casas de comidas de San Pedro Manrique, en la comarca soriana de Tierras Altas. 

Tiene tantos tropezones el puchero que casi no se ve la sopa. La televisión del salón escupe imágenes de José Luis Martínez Almeida y de Novak Djokovic, la última vuelta del culebrón de la semana. El volumen del aparato está bajito, casi imperceptible, pero las imágenes distraen a los siete comensales del rústico salón.

-Hoy es mi primer día, y tengo que buscar casa, pero no me ha dado tiempo. Me quedaré en el hotel por ahora. 

Ana, profesora interina a la que acaban de asignar el colegio del pueblo, charla amistosamente con la encargada del restaurante, que le advierte que será difícil conseguir su objetivo. “Es que no hay casas vacías en el pueblo, ni una”. 

Una mujer y su hija, a la salida del único colegio de la localidad, el Tierras Altas./ALBA VIGARAY

Esta frase no sorprendiera si se pronunciara en muchos otros puntos de España. Pero no aquí. En el epicentro de la España vaciada. 

Las Tierras Atlas tiene una densidad de 1,9 habitantes por kilómetro cuadrado, solo ligeramente superior a Laponia. Es una de las regiones más deshabitadas de Europa junto con zonas de Cuenca y Teruel. 

Sin embargo, hay una aldea gala que resiste a la despoblación. Esta: San Pedro Manrique. 

Desde 2000 ha aumentado sus empadronados un 26%, de 487 a 655 habitantes, mientras la inmensa mayoría de los pueblos de la provincia han vivido una diáspora continua.

“Se han llegado a construir más de cien viviendas sociales en el pueblo, pero ahora mismo no encuentras casa; hacen falta más viviendas“, confirma el alcalde, Julián Martínez, del PP, mientras apura un café a media mañana en la terraza del Bar Cipris en la calle principal del pueblo, que da a una de las tres iglesias. 

La temperatura, al sol, es agradable. El termómetro marca siete grados, siete más que al cruzar la ciudad de Soria, fruto de la inversión térmica al estar en montaña: San Pedro, enclavado entre cordilleras en la frontera con La Rioja, está a 1.177 metros de altura. Hay varios parroquianos tomando algo en la terraza aprovechando ese -permítanos decir- calorcillo. 

“Ahora hemos cedido una parcela a la Junta, para construir seis casas más, de unos 90 metros cuadrados, y tenemos otra parcela que les hemos ofrecido gratis, a ver qué dicen”, asegura el alcalde, que lamenta que haya bastantes casas que están abandonadas y se caigan por “temas de herencia”: “Da una pena del copón ver las casas derrumbadas”.

Aquí quien está en paro es porque no quiere trabajar“, pronuncia mientras señala a lo lejos las naves de la fábrica que ha ayudado a que San Pedro sea una excepción en la zona: Embutidos La Hoguera.

La fábrica emplea a 109 personas y toda su historia está ligada al éxodo rural. Nació en 1975 para luchar contra las primeras olas de despoblación, cuando jóvenes y familias se marchaban al País Vasco o Cataluña a trabajar en la industria. 

“Tras acabar la mili, otros tres chavales y yo montamos un grupo sindical”, recuerda Carlos Martínez, fundador de La Hoguera, en su despacho, donde tiene fotografías con Adolfo Suárez, Juan Carlos I o Felipe VI. 

Carlos, José. Agustín y Marcos, entonces jóvenes, pusieron la semilla con una pequeña granja de cerdos que diez años después pasó a ser una “pequeña industria de transformación”. Ha pasado de ser un negocio austero, casi familiar, a facturar 30 millones de euros al año, exportando a numerosos países, entre ellos a Australia, donde su jamón es muy valorado [al año producen 300.000 jamones curados durante 18 meses]. 

Su producto -jamón, chorizo, lomo, torreznos de Soria…- se encuentra en cadenas de alimentación como El Corte Inglés o Ahorra Más. 

No fue un camino fácil. Carlos Martínez, que, además de liderar La Hoguera, fue alcalde varias legislaturas, bregó durante años con la Junta para que el pueblo no se viera despojado de servicios y para traer los que faltaban, como la gasolinera.

Ante la pasividad de la Administración, hace 32 años llegó a instalar antenas pirata en una de las colinas que rodea al pueblo para que se vieran Antena 3 o Telecinco. A las telecos no les era rentable.

Un problema, el de las telecomunicaciones, que aún se padece. Teo, su hijo, director general de la empresa, ha llegado a tener que subir al puerto de Oncala para tener conexión 4G y poder recibir los pedidos.

“Hay veces que no hay servicio, no tienes señal, da igual la compañía que tengas”, explica Teo, que estudió Administración y Dirección de Empresas y Marketing en Madrid y volvió al pueblo, como muchos de los trabajadores de La Hoguera. 

Aquí hemos tratado siempre de generar un tipo de empleo donde a la familia le da calidad de vida, estabilidad. Siempre hemos intentado facilitar la conciliación familiar, la vivienda y un sueldo digno”, asevera su padre, cofundador de la empresa y que es también presidente de la Caja Rural de Soria.

Los sueldos de la fábrica los marca el convenio de empresas cárnicas: entre los 16.045 euros brutos anuales (1.146 euros mensuales) que cobra un peón a los 25.652 que percibe un técnico superior (1.832 euros al mes). 

Caminar sobre brasas

La empresa toma su nombre de de la tradición centenaria que impregna todo en el pueblo: el Paso del Fuego. Cada 23 de junio, los habitantes más valientes de San Pedro caminan descalzos sobre una alfombra de brasas tras arder una pira “2.000 kilos de leña de roble”.

Una de las salas de deshuese y envasado de la fábrica La Hoguera. /ALBA VIGARAY

“Los últimos años antes de la pandemia tuvimos que poner pantallas para seguirlo desde fuera del recinto. Estaba esto llenísimo”, rememora el alcalde, que ha visto cómo de forma gradual el pueblo ha ido creciendo en población. 

Algunos son inmigrantes -“son alrededor del 30% de los vecinos, de diferentes sitios… rumanos, búlgaros, marroquíes, ecuatorianos…”-, pero también procedentes de otros puntos de España. “Aquí lo único que fija población es el empleo”, aprecia el alcalde sobre algo de lo que van sobrados en este pueblo. 

Desde el Cerro de la iglesia de la Virgen de la Peña se divisan algunas de esas viviendas arrumbadas que menciona el primer edil y la hondonada por donde discurre el río Linares, afluente del Ebro y que marca el final del municipio, levantado en y alrededor de una suerte de vaguada. Muchas de las viviendas están construidas de piedra parda o azul. “Son de canteras de la zona”, explica el alcalde mientras muestra el recinto de gradas adyacente a la iglesia.

El pueblo conserva servicios. Hay una guardería con diez niños, un colegio hasta el segundo ciclo de la ESO con casi 60 alumnos, una gasolinera, la comandancia de la Guardia Civil, un taller mecánico, un banco -Caja Rural de Soria-, un hostal y una residencia de ancianos “que cuando está llena da empleo a 30 personas”. 

También hay un centro de salud que se amplió recientemente y donde trabajan otros diez médicos y enfermeros, la mayoría de los cuales viene a trabajar a diario desde la capital de provincia, a 40 minutos en coche. Deben subir dos veces el complicado puerto de Oncala, de 1.456 metros y donde hay que andarse con mil ojos. 

Teo Martínez, director general de Embutidos La Hoguera, posa en una sala de curación del jamón./ALBA VIGARAY

“Yo estoy enamorado de este proyecto, es muy genuino, los trabajadores de la empresa son parte de la empresa, es un proyecto del pueblo y para el pueblo. A la gente le ofrecemos un proyecto de vida. Damos trabajo digno a toda la familia”, explica Teo durante una visita a la fábrica, donde sala tras sala se ven madurando miles de jamones que han sido colgados a mano. 

Son jamones de cerdo de raza Duroc, situada entre el blanco y el ibérico y que está considerada una de los mejores relación calidad-precio. “Son jamones muy infiltrados, con mucho buquet”. 

“Al final el secreto del éxito dar un producto de máxima calidad, adaptarnos al mercado. Hemos sacado líneas de producto ecológicos y somos conocidos en el sector por tener productos naturales sin aditivos. Eso da también sentido a de dónde somos”, señala el director general, que pide a los políticos un “discurso más claro” sobre la España rural. 

“Al final nos perdemos en las formas y no abordamos el fondo. La gente para vivir en el medio rural necesita empleo, y todo lo que hay alrededor, servicios, un internet fiable, infraestructuras, viviendas… Muchos pueblos de Soria tendrían más gente si hubiera vivienda”, señala Teo, cuya empresa está proyectando ya una ampliación con otra nave de 3.000 metros cuadrados que dará empleo para otras 30 personas. 

Una de las calles de San Pedro Manrique. /ALBA VIGARAY

Pero, claro, sin vivienda, ¿de dónde van a venir? “Estamos pensando incluso en poner un microbus que venga desde Soria”, llega a deslizar Carlos, su padre, que afirma sentirse un tanto desesperanzado después de tanta brega durante años y que tuvo uno de sus mayores chascos cuando la Junta quitó dos cursos de la ESO del colegio del municipio pese a tener más de cien alumnos, el momento que más niños había escolarizados. 

Los jóvenes, para seguir estudiando, se tenían que ir a Soria a diario. Y el autobús subir día tras día el puerto tanto a la ida como a la vuelta. Muchas veces con nieve. “Lo que fomentas así es que la gente se vaya”. 

“Es que el runrún que tenemos en el mundo rural es como que indirectamente se tratara de que la industria vaya a las ciudades, que parece que es la tendencia a nivel mundial por ser más económico”, aprecia Teo, que, junto a su padre, y muchos empresarios de la España vaciada, piden una fiscalidad más baja que atraiga inversión y empleo. 

Carlos Martínez, fundador de Embutidos La Hoguera, en su despacho./ALBA VIGARAY

“Lo que pedimos es saber cuál es el plan a futuro. Si realmente quieren que toda España viva en Madrid o en las grandes ciudades a 30 o 50 años igual no tiene sentido lo que hacemos“, ratifica Teo, que como el resto de vecinos ha visto cómo les han dejado fuera de la ampliación de la red 5G. “Viviendo en el mundo rural todo son complicaciones y en la ciudad facilidades”, se lamenta Teo, que informa que en los últimos años, en algunos casos durante la pandemia, varias familias de otros puntos de España han venido al pueblo a trabajar en la fábrica procedentes de Madrid o de Mallorca, lo que ha ayudado a aumentar el padrón.

De hecho, en los últimos años La Hoguera ha creado alrededor de 20 empleos, y cada persona que llega a trabajar viene con su familia, con lo que son tres o cuatro empadronados más con cada contratación.Noticias relacionadas

Chorizos colgados en una de las sala de curación de La Hoguera. /ALBA VIGARAY

“Es que efectivamente hay gente que le atrae el mundo rural; hay que fomentar que las empresas vayan a los pueblos, que las empresas y los trabajadores tengan mejoras fiscales. Vertebraría España de una forma diferente. Si quieres revertir el problema, se puede hacer”, sentencia Teo. Su padre se pronuncia en la misma línea e insiste en retener el talento: “Es que cada joven autóctono que se va es un tesoro que se pierde”.

Fuente: elperiodico.com

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