Siete pueblos de Cuenca que son una maravilla

Enclaves naturales de ensueño, yacimientos arqueológicos, pintorescos paisajes, una gran diversidad cultural recogida en sus numerosos museos y un puñado de pueblos con mucho encanto es lo que espera al viajero en la provincia de Cuenca. Para demostrar que existe belleza más allá de la ciudad y de sus casas colgadas visitamos estas villas, siete destinos con mucha historia y un rico patrimonio.

Alarcón

Ubicado en un impresionante paisaje esculpido por las Hoces del río Júcar está Alarcón, un pequeño pueblo de gran valor estratégico en la antigüedad en el que los árabes levantaron una inexpugnable fortaleza que corona hoy su estampa de cuento. Es precisamente este castillo, convertido hoy en Parador y en el que destaca su torre del homenaje, junto con su recinto amurallado, que se conserva casi íntegro con varias puertas -como la del Calabozo, la del Bodegón o la del Campo-, uno de sus monumentos más importantes.

En un recorrido por sus calles hay que ver su plaza Mayor, o plaza del Infante Don Juan Manuel, típica plaza castellana de forma cuadrada en la que destacan la iglesia de San Juan Bautista, con sus pinturas murales de Jesús Mateo, y el Palacio del Concejo. La iglesia de Santo Domingo de Silos, que se utiliza como sala de exposiciones, y la de Santa María, de la que llama la atención su gran arco plateresco de la entrada, completan la ruta.

Belmonte

Cuna del poeta Fray Luis de León, Belmonte es uno de los pueblos más pintorescos de la provincia de Cuenca. La villa cuenta con una de las fortalezas más impresionantes de la región, un castillo -en cuyo interior deslumbran su patio de armas, sus artesonados mudéjares y relieves góticos- que extiende sus brazos de murallas hacia la población abriéndose a ella con cinco puertas, de las que hoy en día se conservan tres: la de San Juan, la de Chinchilla y la Puerta Nueva. La Colegiata de San Bartolomé, de estilo mayoritariamente gótico y en la que deslumbran sus puertas del Sol y de los Perdones, compite en belleza con este monumento.

Además, en una ruta por este destino que invita a realizar un viaje en el tiempo hay que detenerse en el Palacio de Buenavista, el convento de los Jesuitas, la Casa de Comedias, la Casa Bellomonte, un centro expositivo que recrea una casa del siglo XV, y la ermita de Nuestra Señora de Gracia. Por último, situado en una colina cercana, está el molino ‘El Puntal’, que conserva la maquinaria original y que permite al visitante conocer su funcionamiento.

Imagen del castillo de Belmonte
Imagen del castillo de Belmonte

Mota del Cuervo

Conocida como ‘el Balcón de la Mancha’, Mota del Cuervo fue durante siglos un importante cruce de caminos que unía las ciudades de Madrid y Toledo con el Levante, y Cuenca con el sur. Además, es parada imprescindible en las rutas de Don Quijote y la de los molinos de viento de La Mancha.

Es por ello que la visita en este enclave debe comenzar por sus siete molinos de viento restaurados que, situados sobre el cerro, vigilan la llanura. De hecho, uno de ellos, bautizado como ‘El gigante’, acoge la oficina de turismo. Dentro del pueblo hay que recorrer el barrio de las cantarerías, visitar el museo de Alfarería y admirar sus construcciones civiles, como La Tercia, de función fiscal y que data del siglo XV, y sus múltiples casonas señoriales, como la de los Condes de Campillo. De su arquitectura religiosa destacan el convento de los Trinitarios, la iglesia de San Miguel y la ermita de Santa Ana.

Uclés

Rodeado de un paisaje poblado de pequeños cerros y mesetas, en una de las laderas del final de la Sierra de Altomira, está Uclés, una población típicamente castellana con reminiscencias árabes, vestigios judaicos y estructura cristiana. Este pueblo guarda uno de los conjuntos monumentales más importantes de Cuenca, en el que destaca su monasterio, conocido como ‘El Escorial de la Mancha’. Construido entre los siglos XVI y XVIII, este edificio, que se alza sobre los restos de una fortaleza de origen árabe ampliada y remodelada por la Orden de Santiago, refleja una mezcla de tres estilos arquitectónicos: plateresco, herreriano y churrigueresco. Junto a él está el castillo, del que solo quedan en pie tres torres: las del Póntido, el Palomar, un lienzo de muralla y la torre albarrana. De su arquitectura civil llama la atención el Ayuntamiento, el Pósito, la ermita y la antigua Fuente de los Cinco Caños.

Cerca de aquí no hay que perderse la Fuente Redonda, una laguna artificial con forma redonda construida con muros de sillería por los romanos. Este santuario dedicado al dios Airón se encuentra al lado de una necrópolis romana que, a su vez, se asentaba sobre un campo de urnas cinerarias de la Edad de Hierro.

Imagen del monasterio de Uclés
Imagen del monasterio de Uclés

Priego

Priego es el portal de la Serranía desde la Alcarria y uno de los pueblos más bonitos de Cuenca. Este municipio, que se fundó en la Edad Media, está situado en un envidiable entorno natural y atesora un rico pasado histórico y una tradición artesana que bien merecen ser descubiertos.

Entre sus múltiples encantos monumentales están su Ayuntamiento, situado en el antiguo Palacio renacentista de los Condes de Priego que data del siglo XVI, la iglesia de San Nicolás de Bari, un gran edificio gótico tardío, la casa Pernía, con su entrada adintelada, su adornada moldura y el balcón barroco, las casas de la Inquisición que se exhiben con propia identidad en la calle de la Loma y los conventos de Nuestra Señora del Rosal y San Miguel de las Victorias, este último ubicado en la falda de la montaña que compone el estrecho de Priego.

A las afueras, el Torreón de Despeñaperros, de origen árabe y único resto que queda del castillo, se asoma a la garganta del Escabas. Justo debajo está la Cueva de la Mora, donde, según cuenta la leyenda, quedó prisionera una joven princesa musulmana que convertía en piedra a todo aquel que se atrevía a entrar en ella. No hay que perderse, tampoco, el puente medieval de Allende, de un solo ojo apuntado, las características cuevas de San Roque para la guarda del vino y los restos de un molino y de la fábrica de harinas de los Barrales.

San Clemente

La villa de San Clemente, que se coronó durante el siglo XVI como la ‘Pequeña Corte de La Mancha’ por albergar más de 80 familias hidalgas, sorprende por su imponente patrimonio monumental. De hecho, fue declarado conjunto histórico-artístico en 1980 y desde 1992 cuenta con dos edificios declarados Bien de interés cultural en la categoría de monumentos: el antiguo Ayuntamiento, que acoge la oficina de turismo y el museo de Obra Gráfica Fundación Antonio Pérez, y la parroquia de Santiago Apóstol. Además de estos dos edificios hay que visitar el museo Etnográfico de Labranza, situado en una torre vigía de época medieval, y admirar la Casa de los Picos, una espléndida residencia señorial, y el Palacio de Piquirroti, una obra renacentista de la que solo queda la fachada con su escudo familiar.

Aquí se encuentra, también, el puente romano mejor conservado de la provincia de Cuenca y el santuario de Rus.

Buendía

En la comarca de la Alcarria, junto a la Sierra de Altomira y el embalse de Buendía, está este coqueto pueblo medieval que alberga numerosos encantos. En su casco histórico llaman la atención las plazas Mayor y Ruiz Jarabo, ambas porticadas con arcos de medio punto sobre pilares cuadrados. En la primera destaca la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, que contiene muestras de diversos estilos y una fachada herreriana de gran belleza. La Tercia, un pósito del siglo XV construido en mampostería y sillería que acoge el museo del Carro, y el museo de La Botica son otros de sus puntos de interés.

Además de visitar la villa merece la pena hacer una ruta por los alrededores para descubrir la ermita de la Virgen de los Desamparados, que destaca, principalmente, por el entorno en el que se asienta, y el sendero de Las Caras, una mágica ruta repleta de esculturas talladas en las rocas que se esconden en un paisaje de pinares.

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