No somos la España vaciada (y II)

Cuenca (Provincia)

No, no somos la España Vaciada. Así lo sentimos muchos de los que vivimos en el medio rural. Se podría haber utilizado cualquier otro nombre: la España menos poblada, la España Rural, la España Verde, etc. No, en su lugar utilizamos un termino peyorativo para referirnos a nosotros mismos.  

Reclamar mejoras fiscales o en infraestructuras no tiene porqué ir acompañado de un vertido de mensajes que dibujan a nuestros pueblos como lugares inhóspitos y casi tercermundistas. No podemos animar a repoblar o mantener la población en nuestros pueblos si nosotros mismos le llamamos “España Vaciada” es como decir “se vende piso con goteras”. No te lo compra nadie. Sin embargo, el uso del termino de la España Vaciada tiene su porqué. 

Por un lado, se aprovecha el tirón mediático del libro de Sergio del Molino, que se llama casi igual, la “España Vacía”. Y por otro lado se utiliza para recordar a las instituciones, sobre todo las europeas, que somos pocos y que nos hacen falta servicios e infraestructuras. Esto último no estaría mal si lo que se pretendiera es conseguir beneficios para todas las zonas despobladas del país, pero no es así. Los que están agitando el brazo político de la España Vaciada, defienden que estos beneficios europeos lleguen a tres provincias: Teruel, Soria y Cuenca

El resto no cumplimos los requisitos, aunque entre ellas esté por ejemplo Guadalajara, que es donde se encuentra la “zona 0” de la despoblación en España. Pero también se encuentra el Corredor del Henares y eso convierte a esta provincia en la que mayor aumento de población ha tenido del país. Eso sí, cuando hay que manifestarse en Madrid, la España Vaciada somos todos. Cuando hay que tocar las campanas de cada pueblo para hacernos oír, también. Pero cuando hay que defender en Europa o en el Congreso que se aplique una fiscalidad diferenciada se pide solo para tres provincias, las que cumplen con el criterio de tener una densidad de población inferior a 12, 5 habitantes por provincia. Y este criterio en España solo lo cumplen Teruel, Soria y Cuenca.  

Los criterios europeos, además del criterio provincial (NUT3), también hablan de NUT noadministrativas que van más allá de la división provincial, y por tanto permiten solicitar ayudas para otras provincias que forman parte de la Serranía Celtibérica, así como para la Franja Céltica (con parte de 6 provincias españolas que hacen frontera con Portugal). En el año 2015 el Congreso de los Diputados acordó una Proposición no de Ley en la que se decía «El Congreso de los Diputados, uniéndose a lo acordado por el Senado y consciente de que se puede detener el proceso de muerte biológica al que se ve abocado buena parte del territorio de la Serranía Celtibérica, por su baja demografía, su ruralidad remota, su desarticulación poblacional y su tasa de envejecimiento, insta al Gobierno a adoptar las medidas oportunas de forma urgente, para que se reconozca la identidad interregional de la Serranía Celtibérica, en el marco de la Europa de las Regiones, como Región Escasamente Poblada, Región Montañosa y Zona Rural Remota.” 

Teruel Existe, presente en el Congreso, no ha querido reclamar en ningún momento el cumplimiento de este acuerdo. El señor Guitarte ha defendido que las ayudas del 20% al funcionamiento de las empresas autorizadas por la Comisión Europea para las provincias de Teruel, Cuenca y Soria, sean prioritarias en la negociación de los Presupuestos Generales del Estado. Es lo mismo que apoya el sector patronal de estas provincias que evidentemente prefiere que cuantos menos se repartan el pastel mejor. Pero eso sí, para tocar las campanas nos llaman a todos. Provincias con zonas con problemas de despoblación como Zaragoza, Castellón o Guadalajara no tienen la misma realidad que Teruel, Soria y Cuenca. En las tres primeras encontramos lugares con serios problemas de despoblación con otras zonas muy pobladas.  

Por tanto, a nivel de provincia, el nivel de concienciación y movilización frente a la despoblación es muy distinto. La misma realidad que hace que no den algunas provincias la media para las ayudas europeas pese a contar con zonas muy despobladas, es la que puede hacer que tampoco alcancen ni de lejos la media para lograr representación parlamentaria con una opción política de la España Vaciada. Porque en cualquier pueblo de Teruel o Soria hay conciencia de lo rural pero en Benicasim o en Azuqueca de Henares no tanto. Y ahí y en otros muchos pueblos similares y capitales de algunas provincias, el voto pro-España Vaciada será anecdótico. Eso lo saben los promotores de la rama política de la España Vaciada. Pero de la misma manera que para ir a manifestarse a Madrid o para hacer sonar los campanarios conviene ser más de tres, para movilizar el cotarro político también es conveniente, aunque al igual que con las ayudas Europeas luego solo saquen beneficio las provincias mencionadas. Les venimos bien a ratos. Por tanto, hay provincias para recibir fondos y provincias pagafantas. Una cosa es que nos utilicen para tocar una campana o coger una pancarta en una manifestación y otra que nos utilicen políticamente…  

Si queremos defender a nuestros pueblos vamos a comprometernos a defender a la España despoblada, que son más de 3 provincias. Si no tienen claro las zonas pueden consultar el mapa de la investigadora demográfica Pilar Burillo. Y para demostrar ese compromiso no hace falta esperar a las elecciones municipales o autonómicas: el momento es ahora, en España con la tramitación de los presupuestos y en Europa con la tramitación de los fondos destinados a zonas despobladas.  

El frente común de lo rural tiene que estar presente desde ya. No nos gusta ser y no somos la España Vaciada pero mucho menos la España Utilizada

Marco Antonio Campos Sanchis. Presidente de la “Asociación para el Desarrollo de la Serranía Celtibérica” (ADSC)

No somos la España vaciada (I)

Que nuestros pueblos necesitan ayuda es una aseveración que a estas alturas se hace incuestionable. Que por el bien del país es necesario ayudar a los pueblos, a las zonas rurales, para que en estos lugares haya vida y, lo que es más necesario, futuro también es una cuestión aceptada de manera general. Pero esto último en la práctica se queda muchas veces en decálogos, manifiestos o gestos de buena voluntad.

El caso es que, en muchas ocasiones, a la hora de la verdad a una gran parte de la sociedad (y en esa parte se incluyen muchos de los que dicen defender los intereses de los pueblos) le parece un despilfarro destinar fondos a los pequeños pueblos, le parece un exceso un servicio de transporte para pocas personas, una formación profesional para unos pocos o cualquier cosa que suponga invertir para una minoría.

Que de pueblo somos muchos, pero muchos, es otra realidad; pero que de esos muchos solo unos pocos vivimos en el pueblo entre semana o todo el año, es también otra realidad. Y esto genera dos visiones de lo que queremos como pueblo. Los primeros queremos vivir como cualquier ciudadano que forma parte de un país donde se habla de estado de bienestar. Tener unos servicios esenciales: educación, sanidad, servicios para mayores… Nuestros trabajos no tienen por qué estar relacionados con el campo o la ganadería (aunque también puede ser). Podemos trabajar en la ciudad y vivir en el pueblo, podemos trabajar en el pueblo en cualquier otra cosa. No tenemos conciencia de ser héroes, aunque a veces se hagan reportajes sobre familias urbanas que se van a vivir a un pueblo teniendo empleos de prestigio- como si fueran los protagonistas de una proeza poco común. 

(Y por cierto, que esto de considerar héroes a los urbanos que vienen a “repoblar” tiene mucho peligro, porque es como otorgar un cheque en blanco al nuevo morador, que en ocasiones termina actuando a su libre albedrio: ocupa lo que quiere, aparca donde quiere, construye como quiere… ”Encima que viene a repoblar y a salvarnos no le vamos a poner pegas” -Piensa. Pero de esto ya hablaremos otro día). 

Volviendo al asunto. Los que vivimos en los pueblos no somos héroes. Simplemente nos gusta vivir en el pueblo porque aquí hemos encontrado nuestra felicidad al igual que la podíamos haber encontrado en el barrio de Malasaña o en Triana. Pero nos gusta más esto, lo cual no nos hace distintos. La globalización es lo que tiene. Luego están los otros de pueblo. Los del verano, los de los fines de semana. Los que viven en la ciudad, algunos porque no les queda otra, pero otros (la mayoría) porque han decidido que ese es un mejor lugar para vivir. Un grupo muy, pero que muy necesario para los pueblos. Pero con una visión distinta de lo que necesita un pueblo.  

Para muchos de estos (no todos, afortunadamente) la calidad de vida de un pueblo se mide en el número de bares abiertos, de actividades de ocio, la piscina en verano, el mantenimiento de las calles… Quieren llegar, cuando vienen, a un sitio con vida y bien cuidado. Consciente o inconscientemente buscan algo parecido al lugar de donde vienen. Un lugar donde se aparca sin problema, se puede pasear y hago ruido si me apetece, o exijo silencio porque he venido a descansar. Que tenga más o menos servicios sociales, educativos, transporte, etc., les da más igual. Ellos no los consumen, aunque también pagan sus impuestos, algo que les gusta recordar. Pero entre este sector también son muchos los que piensan que mantener esos servicios no es rentable en pueblos pequeños.  

Los que viven todo el año quieren tener las dos visiones expuestas y entienden que es rentable todo, ya que la existencia del conjunto hace que el pueblo perviva. Esta complementariedad de “pobladores rurales” fijos y discontinuos es buena para los pueblos y no tendría mayor transcendencia si no fuera porque cuando se forman grupos de despoblación, plataformas, se redactan leyes, etc., las personas que los conforman son en su mayoría del segundo grupo. 

Se piden cosas que conciernen a los intereses fundamentales del primer grupo porque quedan muy bien en manifiestos y declaraciones de intenciones, pero realmente se persiguen intereses más próximos al concepto de “PUEBLO” que tienen los habitantes discontinuos, los que están cómodos con el termino España Vaciada: porque cuando vienen, lo que se encuentran les parece un sitio falto de vida. Un sitio vacío o vaciado. Muy poca gente del primer grupo, de los que viven en el pueblo todo el año, está a gusto con el término España Vaciada. Empecemos a reflexionar por ahí. 

Marco Antonio Campos SanchisPresidente de la “Asociación para el Desarrollo de la Serranía Celtibérica” (ADSC)

Estos son los pueblos de España que están en venta

La despoblación en el medio rural es una realidad que afecta tanto a la economía como a la sociedad española desde hace años. Tanto es así, que en el país se estima que más de 3.000 pueblos se encuentran completamente abandonados, cifra que irá en aumento ya que cada vez son más las aldeas que se están quedando despobladas.

Pero, ¿a qué se debe esta situación? El país vivió un gran éxodo rural entre los años 1950 y 1970, ya que en el campo existían pocas oportunidades de trabajo. Sin embargo ahora las tornas han cambiado. Los numerosos intentos que se han realizado para repoblar estos lugares han sido inútiles, dejándolos en el olvido.

No obstante, todos estos pueblos cuentan con un encanto especial repletos de paisajes vacíos y de miles de historias que se esconden tras las ruinas que decoran las calles de estos. Esta “belleza oculta” se ha intensificado tras la pandemia y el confinamiento, ya que mucha gente se ha planteado el irse a vivir a algún pueblo dónde poder teletrabajar para alejarse del estrés de la ciudad.

Asimismo, ha habido un aumento significativo de anuncios de pueblos que se encuentran en venta, los cuáles van desde poblados medievales que necesitan una rehabilitación casi completa, hasta municipios históricos enteros. Por lo tanto, desde Fotocasa han querido dar a conocer cinco de estos pueblos que están a la venta.

1. El señorío de Echaide

En Navarra, este pueblo está situado a 19 kilómetros de Pamplona, cerca de la localidad de Olagüe, en pleno valle de Anué. En sus 160 hectáreas se conservan cinco edificaciones y caseríos, una ermita, e incluso una torre defensiva del siglo XII reformada en 1950. El precio por el que se vende Echaide asciende a los 3 millones de euros.

2. Porcieda

En Cantabria, cerca del municipio de Tunes y en pleno valle de Cerceda se encuentra este pueblo milenario, desde el cual se pueden contemplar Los Picos de Europa al encontrarse a más de 700 metros de altitud. Este es uno de los considerados “pueblos fantasma”, ya que lleva más de veinte años abandonado a pesar de que sea parte del Camino de Santiago del Norte. Asimismo, este lugar conserva un monasterio dedicado al apóstol Santiago, todo ello haciendo que el coste sea de 1,5 millones de euros.

3. A Barca

En la localidad de Cortegada (Ourense) se encuentra este pueblo medieval, el cuál además es totalmente gratis. A pesar de que este se cede a coste cero, su reconstrucción superaría el millón de euros, además de que sus nuevos propietarios deberían presentar un plan viable que respetara las edificaciones del siglo XV con las que cuenta la villa, además de sus doce viviendas.

4. Riotuerto

Este pequeño pueblo, situado a 25 kilómetros de Soria, ha servido como asentamiento de muchas culturas a lo largo de los siglos. Este está compuesto por varias edificaciones hechas con piedra, madera y teja cerámica, entre las que destaca un caserío de dieciocho habitaciones, un granero y hasta una iglesia del siglo XII. En la actualidad está siendo rehabilitado completamente, por lo que se desconoce su precio final

5. El Mortorio

Este pueblo, está situado a menos de una hora de Oviedo, Gijón y Avilés, y se encuentra completamente rodeado de bosques frondosos y montañas. En sus 13 hectáreas se conservan doce edificios, aunque se estima que se podrían llegar a construir unos veinte más. Además este espacio, cuenta con ocho casas rurales completamente equipadas que actualmente funcionan como hoteles. Y aunque lleva poco más de dos años a la venta, su precio asciende hasta los 1,9 millones de euros.

Carta de agradecimiento de una médico en Madrid… ¡Que grandes sois!

Hace casi un año, por estas fechas, eran sólo un colectivo más entre otros que cumplían su vocación de servicio a la sociedad de la mejor manera posible: Carlos el de la limpieza, Encarnita la celadora, José el conductor, Fede el enfermero o Claudia… ¡Nuestra Claudia!… esa médico, interna de segundo año en el Hospital Universitario de Madrid Príncipe de Asturias, que forzada por tanta carga emocional y fatiga física y mental, como la que lleva desde hace un año soportando, no sólo demuestra con su mensaje la gran calidad humana que el colectivo sanitario al que representa atesora, sino la humildad, en su post de agradecimiento, por el apoyo de quienes altruistamente y al igual que ellos persiguen un mundo mejor y más justo.

Tienes razón Claudia, ya dejaron de oírse los aplausos de las ocho de la tarde; pero nunca por vosotros el latido, a cada momento, de nuestro corazón eternamente agradecido.